miércoles, 3 de septiembre de 2008

Diez Años Después

Septiembre. Hace exactamente 10 años que tomé conciencia que la Argentina no termina en la General Paz y que de ser así, lo que queda entre esta avenida y el Río, no es la Argentina real. Con mis amigos de entonces, incentivados por el Colegio, viajamos al Noroeste Argentino. Más precisamente, a Jujuy.


Fue un viaje sin igual, todos jodiendo, propio de la edad, por primera vez sin los viejos y lejos de casa. Estabamos felices, sin tomar conciencia de adonde íbamos. San Salvador de Jujuy, fue una sorpresa. Pensamos en encontrarnos un rancherío y nos recibió una ciudad hermosa, con la gente más maravillosa que se pueda encontrar en la Argentina. Pero allí no finalizaba nuestro viaje. No había empezado siquiera.


Cruzar la Quebrada de Humahuaca, es de esas cosas que todos tendríamos que hacer antes de pasar a mejor vida. La Quiaca es una ciudad fantástica y el clima es impagable. Pero yo, que pensaba que era la gente más al norte de la Argentina, no había llegado a la verdad. Santa Catalina un pueblo detenido en el tiempo. Más al norte que La Quiaca, allá donde el Cielo es una sábana celeste y las nubes no existen. Allí empezó todo.


Desde Santa Catalina salíamos todos los días en dirección de alguna escuela, en la que nos esperaban los docentes y sus alumnos. Conocer escuelas que estan aisladas por el agua 5 meses al año es un fuerte. Saber que nosotros eramos los últimos que verían de afuera hasta febrero, nos angustiaba, pero para ellos era normal. A donde íbamos nosrecibían con una pelota de futbol. Los tubos de oxígeno eran nuestros mejores amigos.


La verdadera argentina salió se apareció ante mis ojos. Chicos de 15 años que tienen que salir a trabajar con sus padres, paseando por las provincias, de la cosecha del algodón, a la viña de San Luis, sin escalas. Chicas de 16 años que tenían que oficiar de madres de sus hermanos menores, ante la ausencia del padre y casi siempre, de la madre también, aunque esto se debiera más veces a la Vinchuca que al trabajo golondrina.


En Casira, conocí a Vilma. Una niña de 9 años que había pisado un colegio por primera vez ese año sin saber leer ni escribir su propio nombre. Empezó en primer grado. Al llegar septiembre, ya era la mejor de su Tercer Grado, con un nivel de cultura general que haría estragos en el Último Pasajero.


En esa misma escuela, los delegados municipales que siempre quieren quedar bien con la ajena, nos agasajaron en el comedor del colegio dejando a los chicos afuera. El plato principal era cabrito. Nos levantamos y nos fuimos sin comer. El cabrito lo es todo para los chicos de allí. Vilma me lo había explicado. Es su mascota, y su fuente de leche. Para ellos es una bendición contar con uno por familia. Para nosotros carnearon tres. Nos pareció tan grande la falta de tacto de estos idiotas, que salimos a jugar con los chicos.


Vilma casi no hablaba. Era una chica bastante reservada. Estuve toda la tarde con ella, preguntándole por su vida, sus sueños, sus espectativas. Su padre estaba en el Chaco, su madre había muerto. Todo lo que tenía era su hermana mayor, que trabajaba la mayor parte de la semana, por lo que ella vivía en el Colegio. Sus sueños: Quería estudiar veterinaria, trabajar lo suficiente para que su padre no tuviera que viajar más...y tener una Barbie. Estaba shockeado. Una niña de 9 años, con la alegría de vivir a flor de piel, me estaba enseñando lo importante de la vida y lo lejano que están ellos de las cosas que tendrían que ser derecho para un niño, pero acá no lo es. Esa misma noche quedé solo llorando en la cocina de la escuela.


Estuve dos días enteros con Vilma, charlando de la vida, y aprendiendo yo de ella. Cuando llegué a Buenos Aires, preparé una caja llena de peluches y una pareja de Barbie y Ken. La envié a nombre de Vilma. Al año, con la vuelta de los que viajaron después que nosotros, me llegó la misma caja. Pensé que no la habían podido entregar. Descepcionado la abrí al llegar a casa. Adentro estaba llena de artesanías, hechas por la hermana de Vilma y algunas por ella misma. Había una carta, escrita por ella, sin errores de ortografía, en la que me contaba que no podía creer las cosas que hacía por ella. Es increíble lo poco que alcanza para hacer feliz a un niño, y en el Gobierno reparten DVD a cambio de votos.


Vilma fue la abanderada desde entonces hasta que terminó la Secundaria. Porque pudo llegar. Hoy tiene 19 años. Lo último que supe de ella es que fue a trabajar a La Quiaca. No puede estudiar veterinaria. Aún. Yo se que algún día será la mejor veterinaria del mundo. Porque es lo que siente. Y ella siempre hizo lo que siente y siempre, siempre, fue la mejor.





El otro día, en el sincericidio, La Colo me preguntó qué cosas quisiera hacer a como de antes de morir. Poder sentarme a tomar un café con esa mujer tan grande como la misma Argentina, es una de ellas.




PD: Actualicé el Blog de García.

21 comentarios:

La Dueña dijo...

Me hizo llorar...es tan cierto lo que cuenta. No puedo escribir. Me emocioné.
Un beso...

La sabiduría de Pato dijo...

Es muy bueno que haya tenido una experiencia así de chico. Que realmente haya podido ver más allá de la General paz. Muchísima gente ni siquiera sabe cuántas provincias componen nuestro querido país y mucho menos todos sus nombres.
Buena anécdota para compartir, saludos Bruno!

Natita dijo...

Se me llenaron los ojos de l{agrimas esta mañana cuando lo posteaste. Lo releo ahora y me vuelve a pasar lo mismo.
Sos un gran tipo y agradezco que compartas esto con quienes disfrutamos de leerte.
Ojala algun dia este pais le de una oportunidad a Vilma y a tantos otros chicos de ser lo que quieran ser.

Te mando un beso

Stella dijo...

Tenías razón, es un lindo post!
Me siento reorgullosa!

Te ganaste un bono por seis meses de besos!
ajajajaa

La Colo dijo...

Ay Brunito, cómo hacés siempre para tocar las fibras del alma.

Gracias por este post tan tuyo, tan de adentro. Ojalá puedas tomar ese café y si no es mucho pedir, me gustaría compartirlo.

Una historia maravillosa.

Tené la seguridad que Vilma te lleva tan dentro suyo como vos a ella. Ella cambió tu vida, pero seguramente vos también cambiaste la de ella.

Estoy orgullosa de que seas mi AMIGO.

Besos.

Mensajero dijo...

Bruno, nací por ahí cerca de dónde usted anduvo.
Aunque solo viví un año allá, soy jujeño.
Es una hermosa provincia.
Tremendo trabajo hacen muchos maestros y personas sensibles allí dónde hay tanta necesidad.
Muy diferente a la política de escritorio que conocemos, esa de oprimir botones sin tener ni idea de lo que hay del otro lado.
Y las ínfulas y jactancia de los que los oprimen!
Ni hablar de muchos de nosotros, que declamamos y declamamos...
Saludos.

La candorosa dijo...

Hermosa historia y que emocionante experiencia de vida!!!

Emociona leerla y no quiero imaginar lo que ha sido ¡¡vivirla!!

Fuerte abrazo y gracias por compartirla con nosotros!!!

Ivana Carina dijo...

Corazónn!!!

Sos un sol! Te quiero mucho!!!

Bruno tiene un papá de ORO!!!

Besotes!!!

la seño dijo...

Bruno: hoy te siento tan cerca mío... No se si es porque tuve un día fatal en la escuela ó simplemente porque sos una gran persona.... Vale decirte que te quiero aunque nunca nos hayamos visto?... Besos y caritas felices...

Gabriela dijo...

Bruno, son pocas las personas que son iluminadas con esa capacidad de empatìa como la que vos poseés.

El estar en contacto con las necesidades ajenas (materiales, afectivas y emocionales) es lo que nos ayuda a ser mejores seres humanos.

Un besote!

OliverX dijo...

Excelente relato de la Argentina que nos toca dignificar.

MAROJUNO dijo...

bruno, que bonito post, y tienes mucha razón cuando uno sale y conoce gente con una calidad humana que piensas no existe dan ganas de aprender y aprender de ellos un abrazo.

Juan de los Palotes Medrano dijo...

Gran relato (y gran experiencia).

De todas formas estoy consternado por un descubrimiento (ciertamente terrible) que acabo de hacer:

¡¡¡Mensajero es el Perro Santillán!!!

De Lirium soy dijo...

Hermosa experiencia para vos y esa niña. Me emocionó leerla. Seguramente algún día volverán a encontrarse y tomarán ese café. Un beso grande.

no tan iguales dijo...

Hermoso relato. Se ve que la experiencia te enseñó mucho, pero seguramente ya eras una gran persona desde antes.
Ojalá puedan sentarse a tomar ese café, los dos se lo merecen.

Juan de los Palotes Medrano dijo...

Hablando un poco más en serio (aunque me cuesta), me parece que el problema grave que tiene la Argentina, es Buenos Aires, que actúa -y siempre ha actuado- como un vampiro, que succiona gente, recursos (e ilusiones) al interior.

Si esta chica que conociste hubiera terminado (como muchas otras) en el conurbano, hoy sería una presa más del clientelismo.

Mensajero dijo...

Juan, me descubrió...peor sería ser gallina como Orteguita :P

Almafuerte dijo...

Tremendo, hermoso.
Alguna vez pensé que habría que implementar una rotación obligatoria por el país, que obligue a abrir la cabeza, a conocer y a amar. ¿Cómo vamos a amar un país que no conocemos y desdeñamos?
Viajo bastante, y tengo un proyecto a 900 km de Buenos Aires. En el interior me peleo con las diatribas contra los porteños, no porque seamos buenitos sino porque generalmente son infundadas, le apuntan al lugar equivocado y nos usan como chivo expiatorio universal de sus males, lo que les impide actuar mejor para remediarlos. Y en la Capital me peleo con los anormales que desconocen la realidad cotidiana de otras geografías, y dictaminan desde un escritorio y un mundo de subte y oficina.
Nos debemos un país en el que su amiga pueda acercarse a sus sueños, estamos obligados a hacerlo.

El Señor F. dijo...

Emocionante.

No encuentro otra palabra para describirlo.


pd:Lo invito cordialmente a escarbar en mi vida privada: se ha abierto un Sincericidio.

Que Dios se apiade de mi alma.

thegorila dijo...

Su relato me produce lo que habitualmente me producen ciertas historias. Por un lado esperanza y emoción, y por el otro toneladas de bronca...
Multiplique su experiencia por tantos y tantos seres abandonados por tantos y tantos gobiernos y tendrá ( tendremos) la magniud de nuestra decepción.
Un abrazo.

Zeb dijo...

Y esta es sólo una historia de las miles que llenan el país...

Leyéndote pensaba en los chicos con los q trabajo (trabajo en una fundación para chicos en situación de riesgo, abusados, golpeados, etc)... me acordaba de sus caritas cuando este año les hicimos un regalo a cada uno para el día del niño...

Abrazo!